14.8.12

El Siempretriste

Estabas harto de fingir tristeza y fingirte cabizbajo y harto de la existencia. Te cansaste de ocultar la locura bajo lágrimas aceitosas, de oscurecer tu dicha con la máscara del olvido y otros males. La verdad era más simple y pura e inexplicable que todo aquel eufemismo, que toda esa entrañada blasfemia, pues fuiste y eras y viviste por completo feliz. Feliz de estar solo e incomprendido, feliz de los fenómenos y disfraces de la vida y su acontecer, de ser el joven más anciano y no por eso guardar ni una pizca de inútil aparente figurante sabiduría.
Fingir tristeza, entonces, porqué. Porque es más cómodo, más fácil de comprender para la multitud de estúpidos infelices y su diminuto pensamiento, porque eres demasiado grande para querer complicarle la vida a la gente, dices. Es lo mejor, dices, que nadie te piense ni crea feliz, que nadie te entienda, que nadie te comprenda en ese dulzor y soledad de la letra, del puño alzado a ningún lugar, de la luz uniforme en un cielo sin gravedad ni ataduras.
Te finges triste porque eres adicto a estar solo, y nada, nada es más repulsivo que un Siempretriste. ahora lo sabes y lo recuerdas, y te avergüenzas de haberte sentido cansado, pues amas tu máscara (le debes la vida), te amas a ti Siempretriste, único e indomable usurero de la verdad. Eras, eres el Siempretriste.
Eras,
eres,
serás el Siempretriste.

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