3.4.13


 



"El centro comercial es una institución de culto al bienestar social. Todo comentario malicioso, que atente contra la credibilidad de esta realidad no es más que una desacreditación formulada/fomentada desde el rencor, el temor al cambio y la evolución humanas: infundadas desde la errónea perspectiva de que estos shoppings se implantan casi tiránicamente con el fin único de intervenir de forma inmoral la vida de las personas. Pues verán, la sociedad está en continua transformación: enalteciendo valores, principios éticos nuevos que reemplazan a sus antecesores, cambiando las prioridades de su gente, renegando la cosmovisión prehistórica, el concepto de familia, matrimonio, vida en comunidad como se le conocían tradicionalmente, en el pasado. Y en especial, modificando su perspectiva respecto del consumo y cómo, qué responsabilidades asumimos frente a los nuevos servicios y facilidades propios de los tiempos modernos: transmigrando nuestra forma de ver la vida.
Lo que debemos reconocer, unánimemente, es que el género humano se abre camino en este mundo de locos y para ello su principal herramienta es el cambio. Y parte de ese cambio positivo para la sociedad es en toda su naturaleza el centro comercial. La razón es evidente: en el shopping se encuentra todo lo que, en condiciones normales, ni el Estado ni las pequeñas ordenaciones sociales nos pueden proveer. Necesidades tan variadas que abarcan desde tener los espacios apropiados para actividades recreativas de la gente, plazas en buen estado, con juegos, iluminadas, seguras, grandes, ornamentadas; a tener un espacio en la que la comida sea barata (dado al alto nivel de competencia entre empresas), pues en el centro comercial tenemos no sólo un local, si no grandes, enormes patios de comida donde a buen precio se muestran gran diversidad de alternativas para disfrutar de un buen almuerzo. Esto principalmente, para la gente de menos recursos. Como verán, el shopping provee a los más desposeídos de aquello que el Estado no se ha hecho cargo jamás. Por ello es un error creer que el Mall es un retroceso social cuando en verdad trabaja en función de las mismas personas incluso mejor que los líderes políticos que les representan. Se encarga de satisfacer las necesidades elementales de las personas, de esta sociedad huérfana del sistema. Es decir, gente de todos los estratos sociales frecuenta estos espacios, pues cubre las necesidades universales. El centro comercial ha sabido lidiar con tal responsabilidad. Es un espacio en el cuál podemos encontrar gran variedad de productos, desde comida para servir, supermercados, tiendas de ropa, barata y de importación,  tiendas de música, de tecnología, de cultura incluso. Un mall no es sólo un mall: es también una librería, una disquera, un cine. Es un lugar intrínsecamente cultural, y es más, promueve el "contagio" de esas buenas costumbres, pues tanto pobres como ricos encuentran lo que quieren en un mismo lugar. Es una forma de unificar, en pro de un bien superlativo, a las comunidades. Debemos discrepar fehacientemente de aquellos que sostienen que el shopping es una institución que alimenta el individualismo: por contrario, familias enteras y grupos de amigos se juntan a pasear por estos lugares, lo que le hace un lugar de encuentro. En éstos términos, ¿cuál es entonces la razón de ser real por la cuál se intenta desconocer la utilidad del centro comercial, al gran aporte que nosotros los empresarios realizamos a la sociedad con este tipo de maniobra? Parece realmente incierta. No hay retrocesos, no hay violencia, no hay transgresión de una identidad moral colectiva. Lo único que el shopping trae consigo son benefecios, como ya planteábamos, que fomentan la estabilidad social, la empatía entre individuos.
El centro comercial es la nueva institución de culto, y llegó para quedarse."

Javiera Steck.
Ensayo, diferenciado de Lenguaje. 
IV medio.

14.8.12

Asonantes

Héroes y súpermuñecas apoderándose del acuático maniático esquizofrénico sabor a uva vino y chela y esto es un cuento para niños. De aspecto tan volátil y hermoso, con horror alzó sus cejas preguntándose si tendría edad para tomar vino y luego se le olvidó y luego se preguntó si tendría edad para comer papas fritas; "¡papas fritas quiero, papas fritas llovieron!". Y papas fritas cayeron de las nubes acuosas y confundidas y en patatas la muñeca fue sepultada, y murió.

El Siempretriste

Estabas harto de fingir tristeza y fingirte cabizbajo y harto de la existencia. Te cansaste de ocultar la locura bajo lágrimas aceitosas, de oscurecer tu dicha con la máscara del olvido y otros males. La verdad era más simple y pura e inexplicable que todo aquel eufemismo, que toda esa entrañada blasfemia, pues fuiste y eras y viviste por completo feliz. Feliz de estar solo e incomprendido, feliz de los fenómenos y disfraces de la vida y su acontecer, de ser el joven más anciano y no por eso guardar ni una pizca de inútil aparente figurante sabiduría.
Fingir tristeza, entonces, porqué. Porque es más cómodo, más fácil de comprender para la multitud de estúpidos infelices y su diminuto pensamiento, porque eres demasiado grande para querer complicarle la vida a la gente, dices. Es lo mejor, dices, que nadie te piense ni crea feliz, que nadie te entienda, que nadie te comprenda en ese dulzor y soledad de la letra, del puño alzado a ningún lugar, de la luz uniforme en un cielo sin gravedad ni ataduras.
Te finges triste porque eres adicto a estar solo, y nada, nada es más repulsivo que un Siempretriste. ahora lo sabes y lo recuerdas, y te avergüenzas de haberte sentido cansado, pues amas tu máscara (le debes la vida), te amas a ti Siempretriste, único e indomable usurero de la verdad. Eras, eres el Siempretriste.
Eras,
eres,
serás el Siempretriste.
"Nadie tiene tanta suerte
o nadie tiene la suerte
de ser
quién siempre deseó ser.
Y la mala suerte
-o la falta de ella-
se transforma en angustia
en la tristeza asintomática
imperceptible del ser
pues nadie,
nadie
tiene tanta suerte."